martes, 24 de septiembre de 2013
PAULA
Dedicado a Paula y a Paula.
Cuando le pusieron ese nombre a alguien tan allegado en mi familia, en un inicio no
fue de mi agrado, nunca me han gustado los nombres comunes y “Paula” estaba
casi de moda en ese momento, sin embargo, se asemejaba a uno de mis nombres,
corto, sencillo y conciso, por ello empecé a sentir cierta cercanía con el
nombre, además cumplía con las condiciones según el mercadeo para una marca: es
corto, causaba recordación, es traducible
a varios idiomas y tenía significado de “la pequeña” (muy acorde a la persona
que lo poseía), además es mucho más musical que “Paola”, sin embargo, no
llegaba a gustarme del todo.
Algún día, caminando sin rumbo fijo, encontré
por accidente un libro escrito por Isabel Allende – una de mis escritoras preferidas por estos
días – llamado Paula, me prometí leerlo en honor a Paula mi “pequeña”, cuando
inicié la lectura, me di cuenta que Paula existió, no era un simple personaje
de ficción, fue la hija en la vida real de la escritora, muy bella por cierto,
según el relato de su madre.
Y noté con gran impresión, que Isabel no se
refería a Paula como “mi hija” sino como Paula, “¿donde andas Paula?”, “Te
quiero Paula”, ¿Qué piensas Paula?, “La luz de Paula”, “Paula”, “Paula…”, al
leer, en algunos trozos de la lectura me sentí identificada con los personajes,
en ocasiones con Isabel y en otras con Paula. El libro contenía una carta muy
larga de madre a hija concediendo los secretos y consejos mejor guardados en un
monologo de mujer a mujer.
En algún momento de la lectura vi que Paula,
mi Paula, huyó cuando yo huí de algunos mal humores de personas presentes y problemas
de adultos que aún adulta no he logrado comprender, esos mismos que estorbaban
en mi proceso de concentración para poder leer, fue inevitable no asimilar los
personajes de una Paula con la otra, y entendí casi como señal que de ese libro
debía quedar algún recuerdo significativo para Paula en honor a Paula la del
libro, entonces hice un pequeño regalo que hubiera deseado para mí a la edad de
Paula, le regalé casi un kit de cosas con algún significado especial que
contenía: un diario como lo llamé cuando me lo regalé hace muchos años, a modo
de “libro para escribir la vida” como lo llamó Isabel Allende cuando de pequeña
lo recibió por su tío y cimentó sus inicios como escritora, también contenía
una linterna, como la que tuvo Isabel Allende para leer dentro de las sábanas a
manera de escondite, mi separador de hojas preferido, que casualmente tiene una
figura de una niña leyendo, un libro de Jairo Aníbal Niño y un par de lápices.
Espero que seas tan feliz Paula, así como yo
lo fui escribiendo tantas cosas repletas de errores de ortografía y trazos
inseguros que incrementaron mi gusto por la lectura y por la escritura que hoy
decidí heredarte.
A ti Isabel Allende, gracias por alimentar
mis tardes con risas y llantos de historias mágicas que casi pude oírlas de tus
propios labios, me sentí tu hija con cada una de las palabras que pronunciabas
y sentí con alegrías y pesares tu vida y la vida de Paula que me llevaron a inspirarme
como se inspiró Marta Gómez cuando compuso “Paula Ausente”
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