domingo, 9 de diciembre de 2012
EL JUICIO
Es difícil responder
correctamente a cosas inesperadas, es difícil saber que la felicidad pende de
muchos hilos cuando se tiene una navaja cerca a punto de cortarlos, es difícil
decidir ser feliz y preferir estar bien cuando las circunstancias no se prestan,
cuando las lágrimas no se detienen respondiendo a un francotirador lleno de
recuerdos que dispara pequeños iceberg puntudos que se incrustan en mi alma y
que fracturan mi conciencia, mientras mi sombra camina al despacho de aquel
juzgado implícito en mi cabeza, que intenta tomar juicio en la postura decisiva
del exilio de la vida, que secuestra mi razón y te cuenta susurrando que a la
niña de tus ojos se le dificulta deliberar.
Un público escucha paciente
mientras se presenta la evidencia contundente y sin escrúpulos, y un notario
ahora por escrito se convierte en portavoz de una oportunidad en la que la
magia se apagó, todo el mundo se prepara para escuchar la decisión, ¡Señor
Juez! alguien grita y se trata de la defensa ¡No es justo el dictamen! ¡No es
justa la vida señor! (replica el Juez) se me pidió tomar una decisión con la
sangre goteando de mi corazón, un poeta habla con profundas palabras en medio
de su desconcierto ¿Hay comedia aquí?, por supuesto, pero sólo para los demás
(responde alguien del público).
Mi corazón se desploma e incinera
el sentimiento suscrito al homenaje que te hace mi mente, eres huésped del
tiempo, ese mismo que radicó la concepción del pecado, ese pecado que cambió lo
eterno por lo efímero, las fallas de integridad personal, una vez reveladas,
rara vez se olvidan. Pero el engaño fue lo que preparó el terreno para esa
humillación. Uno puede terminar con ciertas cosas sin tener que emitir una
disculpa pública, eso no fue lo que decidió, es incluso posible vivir una vida
franca y absolutamente no convencional, fuera del exhibicionismo, sin tener que
pagar las sanciones que la vida nos presenta. “Muchas vidas son casi escándalo
a prueba”.
El martillo choca en la mesa, al
mismo tiempo que un vacío sanciona mi alma y aunque hay varias víctimas de un
solo culpable, el tiempo no se devuelve, las víctimas de alguna manera también
condenadas son, tanta retórica de nada sirvió, la mentira persevera, el
arrepentimiento sobra y el perdón está de más, el amor reprimido y herido, sin
oportunidad de elegir y mi cara de asombro todavía no asimila los últimos
momentos de mi vida en una película corta que se repite y se repite sin
comienzo ni final.
“Blanche: - [...] Y luego, volvió. Volvió con una caja de rosas a
pedirme perdón. Imploró mi perdón. Pero hay cosas imperdonables. La crueldad
deliberada es imperdonable. [...] Es lo único imperdonable, en mi opinión, y lo
único de lo cual nunca he sido culpable. Y asi le dije. Le dije: Gracias, pero
he cometido una gran estupidez al creer que podríamos amoldarnos algún día el
uno al otro. Nuestras maneras de vivir son demasiado distintas. [...] Nuestro
modo de pensar y el ambiente en que nos hemos criado son incompatibles. En esas
cosas, tenemos que ser realistas. ¡De modo que adiós, amigo mío! Y que no haya
rencores....”
"Un tranvia llamado deseo" - Tennessee Williams.
"Un tranvia llamado deseo" - Tennessee Williams.
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