viernes, 7 de septiembre de 2012

LA MUSA DEL DESCONSUELO “Deja que te interrumpa, con el final feliz que vieron mis ojos”


Se encontraba de frente con ella, la frialdad en su mirada parecía congelar todo su entorno, su vestido negro combinaba con el ambiente, sus pies se apoyaban firmemente sobre el concreto, se encontraba de luto, cargando una historia bastante pesada y con inconsistencias, con grandes méritos pero también con grandes fallas y simplemente no decía nada, no quería ser la indignante musa, aquella que pintaban o escribían artistas que las consideraban bellas, pero tontas, o de las que hablaba normalmente las canciones modernas que usualmente hacían alusión a mujeres perfectas alejadas de la realidad y como de porcelana, no de carne y hueso, aquellas que no entendían la palabra reproche y no consideraban discutir y luchar entre sus planes.

Había vivido las mil y una noches, aquellas dispuestas más allá del infinito explicadas por Borges, y catalogadas como infinitas porque ella casi consigue rendirse al creerlas eternas, recordó cuando caminaba por la calle de la rosa buscando algo más que un café en los ojos de algún hombre que difiriera del resto con ojos brillantes como los de ella, contarle su vida y tal vez abrir una pauta diferente, marcando un fin acompañado de un principio, pero ese hombre nunca llegó y por más que intentó nadie abordó su mesa con una intención diferente que la de tomar su pedido y dejar su cuenta. Buscó la magia donde creyó que la iba a hallar y no la encontró porque buscó en el lugar menos indicado, ese lugar era el mundo, el mismo que no le respondió las preguntas que tanto gritó cuando su corazón le permitió emitir sonido en el silencio.

Cuando por fin descubrió el amor, ya era muy tarde y se trataba de un amor imposible que la ilusionó por mucho tiempo y la hizo feliz tan sólo por un rato, del cual quedó el recuerdo y la valentía de decir adiós acompañada de desespero de aquellos que estorban el ejercicio de la vida, desquiciante para cualquiera, no para ella que acompañada de una pluma en una hoja de fina procedencia escribió la siguiente nota:

Sucumbí ante mis recuerdos al cerrar la puerta, ya que justo en ese momento mis ojos permitieron que el escudo se rompiese, el universo se desvaneciera y como el valle de aquel río que emanaba agua, mis ojos brotaron más que el corazón en pequeñas dosis de lágrimas, pequeñas dosis comparadas con el mar pero suficientes para lavar mi cara.

Y todo porque sabía que ese cerrar la puerta significaba el fin y que el olvido sería eterno, la culminación de aquella historia, aquella que me había hecho tan feliz.

Anteriormente había cerrado esa puerta una infinidad de veces con ojos de enamorada, pero ahora era diferente, significaba la huida a la debilidad que podía hacerme cambiar de opinión aunque sabía que no me convenía.

Porque todos han hablado del ser humano y del amor y lo fundamentan como lo estrictamente necesario para la vida, si pensamos en que desde que nacemos tenemos algo seguro y es la muerte y de alguna forma el sufrimiento por amor.

Y finalizó con un “Deja que te interrumpa, con el final feliz que vieron mis ojos”, luego bajo su cabeza se puso de nuevo sus lentes oscuros y partió con su vestido negro y un inmenso mar de incertidumbre, nostalgia y el orgullo de una mujer que no representa la acumulación de cicatrices.
En ese momento se volteó y noto una sonrisa dirigida a ella, sonrió y partió.

EL PUNTO BRILLANTE SOBRE EL HOMBRO IZQUIERDO ADECUADO


Algún día leí en una obra de literatura sobre una novela de hechicería titulada “Brida”, hablaba de las brujas y los magos, y sostenía que estos adquirían la posibilidad de ver el brillo de la mirada y un punto brillante que resplandecía sobre el hombro izquierdo de su “otra mitad” la mundanamente llamada “media naranja” y esa era la forma de reconocerla ya que se encontraban con su otra mitad al menos una vez en la vida por más lejos que estuviese siempre y cuando se encontrara en el campo de visión ocular, conseguían notar ese brillante por su brillo y volumen, pero esta habilidad sólo se cultivaba si se tenía conocimiento sobre la magia…

Si bien, había algo que simbolizaba el margen de error del amor, a veces una mitad tenía varias otras mitades que lo correspondían o a veces aunque alguien era la mitad del otro, el efecto no era correspondido, aunque este margen de error era bastante pequeño e inusual…

Para algunos, ésta posibilidad significaba una primacía, pues si encontraban a su otra mitad serían destinados a ser felices sabiendo que nacieron el uno para el otro, pero no todos los finales eran alegres porque estos hechiceros podían conocer personas increíbles y disfrutar de su compañía con el dolor de saber que no eran su otra mitad, y que a penas alguno de los dos encontrara su otra mitad todo acabaría, por ello, debían amar de verdad, sin ilusionarse mucho, sin limitar la libertad ni condicionar el tiempo, sin hablar de eternidad…

Y sí, inmediatamente en mi mente apareciste tú y me pregunté dado que fuera verdad esa historia si vería la luz en tu hombro izquierdo, no me importó si no lo veías en el mío… y mi respuesta fue
“Probablemente”.

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